Primer acto: Unas orejotas bien amarradas, un calentador y unas patas kilométricas blanquísimas en un par de zapatos deportivos.
Segundo acto: Lo mismo de arriba saltando sin coordinación alguna a ritmo de reguetón.
Tercer acto: Lo mismo de arriba, pero tirada en una esquina tomando agua y limpiándose el sudor, mientras maldice al instructor de baile.
WHAT THE FUCK?
Así es. La obra se llama: WHAT THE HELL DO U THINK U´RE DOING, U MOTHERFUCKER!
LOL. No, se llama: “El Conejo haciendo el ridículo en el Gym”
Me les he caído del pedestal, creo. Jamás en su vida habrán imaginado al Conejo bailar a ritmo de reguetón, pero sí señores, señoras, ratas, gatos, aves, murciélagos, tortugas, perros, cuyes, etc…EL CONEJO BAILÓ REGUETÓN, y me temo que me tocará por un buen tiempo.
No es por vanidad. Bueno, sí es por un poco de vanidad, pero también por salud física y mental las razones por las que este “lindo conejito” (apodo patentado desde 1980), se ha metido al gimnasio, cuyo nombre no revelaré por seguridad.
Ya llevo cuatro gloriosos días bicicleteando, saltando, abdominaleando, renegando, etc…, y me toca, al menos por todo el mes que ya he pagado.
Como no me atreví a hacer el ridículo sola, arrastré conmigo a una amiga. Y allí nos encontramos todas las noches a tratar de convertirnos en seres más ligeros y fuertes.
Sin embargo, he considerado esto del gimnasio como un método para tener ocupada mi mente, concentrar mis energías y no deprimirme tanto. Me siento menos estresada he de confesar y hasta ya le estoy cogiendo cariño al asunto.
Vamos a lo bochornoso que es lo que a USTEDES les interesa. Lunes me toca baile. El instructor, un pelado simpaticón, pero no mi tipo, se cree que hemos salido de alguna academia. Que la voltereta, el paso cruzado, el meneo, el estiramiento, y yo atrás con MIS DOS PATAS IZQUIERDAS intentando seguir los pasos.
Me tropiezo, me quedo parada, le hago el intento, OMG! sácala, azótala, reviéntala, yo qué sé, canta un tipo mal entonado. Mi amiga y yo nos miramos desesperadas y atinamos a movernos como sea con tal de sudar.
Martes: aeróbicos con steps. ESTE MUNDO NO ES CONSIDERADO CON LOS ZURDOS. Pata arriba, pata abajo, combinado, sube y baja, rebota en un solo sitio. Resultado: LOL.
Como si no fuera poco todo el ridículo y el desastre, un moreno nos ataja por allí con el cuento de la nutrición, y pensando que de verdad era el nutricionista del gimnasio, nos hace una serie de preguntas sobre nuestros hábitos alimenticios.
¿Qué cree que come de más?
Conejo: ¿ zanahorias?
¿Cuáles creen que sean sus deficiencias alimenticias?
Conejo: hmmmm…talvez no son suficientes zanahorias
¿Bebe o fuma?
Conejo: Solo café, y no, prefiero la inyección.
Tiene que dejar el café
Conejo: no tengo la más mínima intención.
Sí puede. Mis pacientes han podido.
Conejo: u bet!
¿Se purga?
Conejo: naturalmente cada mes.
¿Cuáles son sus expectativas que le impulsaron a meterse en el gimnasio?
Conejo: Hmmm. Supongo que bajar de peso, dejar de estar estresada, ser más saludable…y eso.
¿Quiere quedar como la instructora de aeróbicos?
Conejo: Nah, yo soy realista. Con ese cuerpo las orejas me quedarían muy grandes.
Bueno, como sea. Le tengo la solución. ¿Conoce la marca Herbalife?
Mi amiga: Sí (lanza una mirada de auxilio al Conejo)
Se trata de un régimen con té verde, batido, y un brebaje con sábila.
Conejo: yaaaaaa. How much?
A que creen que es caro. ¿Cuánto les cuesta una menestra con arroz y carne más gaseosa en la calle?
Amiga: dos dólares
Pues esto sólo les costará 2,50. ¿Barato no? Así que desde ahora con qué se alimentarán, en las mañanas por ejemplo?
Amiga: ¿cereal?
Conejo: ¿jugo de zanahorias?
Y así nos pasamos como 20 minutos desperdiciados, en los que nos dijo desde que el pollo tiene una hormona que ayuda a que la gente se vuelva homosexual, hasta ¿alguna vez han visto un chino gordo? HUÍMOS.
Más tarde, a trabajar con los palos para la cintura. Casi le vuelo un ojo a alguien.
Miércoles: Para que vean esa ha sido mi experiencia más divertida. Baile again, pero OH, SORPRESA. Esta vez de instructor tocó un gay al que no le gusta el reguetón.
Así que bailamos merengue y techno. Pude seguir los pasos, no sé cómo porque me reía todo el tiempo con los gestos de “oh, qué sexy soy” que hacía el instructor.
Les dijo cholas a las que pedían reguetón y si nos mandaba a hacer un meneito hasta abajo nos decía “REGALADAS”.
Nunca me imaginé que esto del gimnasio fuera tan “GROSS”. ¿Cuánto me durará? Hagan las apuestas, pero destinen el dinero para actos de caridad con el Conejo.
Comentarios recientes